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Reflexión

Cuidar a tu padres, sin perderte a ti.

El cuidado de los padres en su vejez. Por fuera puede verse “normal”. Por dentro, a veces se siente como llevar una mochila que nunca se deja en el suelo.

Por Equipo SANTRA·4 de junio de 2026·Fotografía: Ernst Gunther Krause / Unsplash
Cuidar a tu padres, sin perderte a ti.

Hay cosas que casi nadie te advierte cuando tus padres empiezan a envejecer. No es solo acompañarlos a controles médicos o recordarles un medicamento. Es ese cambio silencioso en el que, sin darte cuenta, empiezas a estar “en guardia” todo el día: atenta al teléfono, al ánimo de tu mamá, al equilibrio de tu papá al caminar, a si comieron, a si durmieron, a si están bien.

Desde la psicología, a esto se le llama carga del cuidado: el desgaste emocional, mental y físico que aparece cuando te conviertes —poco a poco— en la persona que sostiene la vida cotidiana de alguien más. Y sí: puede pasar aunque los ames profundamente.

Muchas mujeres entre 25 y 55 años viven este proceso en doble o triple turno: trabajo, casa, hijos (si los hay) y, además, el cuidado de sus padres. Por fuera puede verse “normal”. Por dentro, a veces se siente como llevar una mochila que nunca se deja en el suelo.

Cuando cambian los roles: de hija a cuidadora

A veces no hay un antes y un después claro. Otras veces sí: una caída, un diagnóstico, una pérdida de memoria, una hospitalización. Ese momento en que te das cuenta de que ya no estás solo acompañando, sino también decidiendo, organizando y resolviendo.

Es común que en esa etapa aparezcan pensamientos como:

  • “Yo puedo con esto.”
  • “Si no lo hago yo, ¿quién?”
  • “No quiero que se sientan una carga.”

Pero, con el tiempo, también llegan otras frases (más honestas, aunque duelan):

  • “Estoy agotada.”
  • “No me alcanza el día.”
  • “Nadie ve todo lo que hago.”
  • “¿Y si me enfermo yo?”

Esa mezcla de amor, responsabilidad y cansancio no significa que estés fallando. Significa que eres humana.

El desgaste que no se ve: culpa, enojo y tristeza

El cuidado suele venir acompañado de emociones que muchas personas esconden por vergüenza o por miedo a ser juzgadas.

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